“CLICK” MI EXPERIENCIA EN EL TERCER SECTOR


Dejadme que de entrada os diga que soy un sobrevenido en este medio. Vengo de la empresa convencional. De un mundo en el que la discapacidad no existe porque la hemos escondido como algo molesto e inútil. Entro con ganas de ayudar, de aportar mi experiencia después de muchos años trabajando como creativo. He empezado contactando con los técnicos que trabajan con personas con discapacidad intelectual para generar ideas y crear productos que tengan sentido social y sean económicamente rentables. Hasta ahora no me había decidido a conocer a este colectivo, me daba miedo. Sin embargo me decidí y con lo poco que llevo participando, siento una gran satisfacción y me doy cuenta de todo lo que me queda por aprender.

 

En las asociaciones que he conocido se cuida con muchísimo cariño, dignidad y consideración a estas personas. Incluso en algunas se les da la oportunidad de participar en las reuniones y de expresar sus inquietudes y sus ideas, propuestas que se escuchan con el mismo interés y respeto que las de todos los que participan en ellas. Pero a veces, no se tiene en cuenta la dignidad por el trabajo.  En ocasiones, es complicado cumplir esa máxima que dice que “el trabajo dignifica” y desde la propia organización o entidad no se entiende lo que se debería reivindicar bien por sistemas jerarquizados anquilosados o por maneras de proceder ya obsoletas…   ¿Si no creemos en serio en ello cómo va a hacerlo el resto de la sociedad?

 

Se pretende esencialmente que estas personas estén debidamente entretenidas, pero sin contar con sus capacidades para hacer algo útil, algo por lo que puedan sentirse satisfechas. Y, ¿por qué no?, algo que les aporte un dinero para poder gastarse, siendo capaces de ir al cine, invitar a sus amigos, o de comprar cualquier cosa que les haga ilusión. Al fin y al cabo es lo que haríamos cualquiera, y es lo que queremos en definitiva: sentirnos orgullosos y útiles a la sociedad, con la autoestima donde toca.

 

A ese respecto me impresionó una frase que escuché en la Casa de Carlota, que es una empresa ejemplar que da trabajo en publicidad y diseño a personas con otras capacidades: “ya no soy síndrome de down, ahora soy diseñador”. Ese es el espíritu que me interesa que se entienda de lo que estoy escribiendo.

 

Hasta aquí, deciros que yo miro con ojos críticos mi involucración hasta ahora, pues me doy cuenta que no es suficiente aportar ideas, también es necesario trabajar desde abajo, y de adentro a fuera. El liderazgo es imprescindible en cualquier tipo de empresa. Se acabó ya el “ordeno y mando” como sistema organizativo. Si en el mundo de la empresa ya se están cambiando los procedimientos de creación y desarrollo de las ideas, ¿cómo vamos a seguir en ciertas entidades del tercer sector en unas posturas piramidales de arriba abajo sin tener en cuenta la transversalidad de las conductas y los procesos de trabajo?

 

Mi reflexión es la de trabajar con mentalidad profesional, dándole la dimensión empresarial en todo lo que se plantee desde el ámbito de la creación y desarrollo de actividad y/o productos. Es imprescindible a todos los niveles. Pero, ¿por qué desde abajo? Pues porque se deben activar los talentos conjuntamente y si los técnicos no ejercen su liderazgo con sutileza y cariño con las personas con otras capacidades, no van a provocar la motivación que es del todo imprescindible. No se puede crear una infraestructura empresarial a partir de un proyecto sin contar con la complicidad de los técnicos que son la piedra angular. Es imprescindible motivarlos confiando en su capacidad y animándoles en sus resultados. Antes de pensar en el producto, es fundamental pensar en las personas. Eso, en la empresa tradicional es importantísimo, pero en una empresa a partir de personas con discapacidad intelectual, es imprescindible.

 

Tenemos ya ejemplos de empresas que llevan muchos años trabajando con personas con discapacidad, descubriendo precisamente sus capacidades. Empresas que están vendiendo sus productos por su calidad y no por solidaridad. Es fantástica esa sorpresa que se esconde detrás de un buen producto, “y, ¿sabes? este producto lo realizan personas con discapacidad intelectual”

En el Congreso que Emplea está organizando para finales de noviembre descubriremos algunas de ellas.

También hay entidades que están consiguiendo resultados de inclusión altamente satisfactorios trabajando para descubrir y potenciar conjuntamente sus capacidades y sus ilusiones. He descubierto resultados maravillosos de empleo con apoyo, en los que la pareja funciona como un tándem en el que ya no se sabe hasta dónde llega la participación de las personas que lo conforman.

 

Hoy estoy dedicándome a activar organizaciones, a las que la rutina del día a día hace olvidar aspectos importantes, como lo es el derecho al trabajo digno y remunerado en este caso. Recordando ahora lo que he hecho profesionalmente en mi vida me doy cuenta de que en algunas empresas ha sido necesario en algún momento, dar a un interruptor que provoque una reflexión que precipite un cambio. Pienso que todos aquellos que nos hemos dedicado a la creatividad en cualquiera de sus formas, podemos aportar ese click que hoy resulta imprescindible con una Administración cada vez más insolidaria con estos colectivos.

 

Es muy difícil empezar en esa dirección para aquellas organizaciones que todavía no lo han hecho. Seamos pues conscientes de que para ayudar a dar ese primer paso no es suficiente una idea genial. Es como una lucha, porque ese paso es el más difícil. La única solución es agitar para crear la necesidad, meterse hasta el fondo, proveer de información y conocimiento, intentar solucionar los problemas, y aplaudir cuando empezamos, porque aunque el resultado sea pequeño, el esfuerzo va a ser muy grande.

 

 

Jaume Romagosa Rocamora

Diseñador industrial y empresario.

Barcelona 1948.

 

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